De Gutemberg a Internet – Conferencia de Umberto Eco


 

 

Traducción de Enrique Alvarado Noguera

Según Platón (en Phaedrus) cuando Hermes, el inventor de la escritura, presentó su invención al Faraón Thamus, él elogió su nueva técnica que permitiría que los seres humanos recordaran con mayor facilidad aquello que de otra manera quedaría en el olvido. Pero el Faraón no estaba satisfecho. “Mi querido Theut, dijo, la memoria es un gran regalo que debe ser mantenido vivo entrenándole continuamente. Con su invención la gente no se preocupará por entrenar la memoria. Recordarán cosas no debido a un esfuerzo interno, sino por virtud mera de un dispositivo externo.”

Podemos entender la preocupación del Faraón. El escribir, como cualquier otro nuevo dispositivo tecnológico, habría hecho torpe la energía humana que substituyó y reforzó. Así como los automóviles nos hicieron menos capaces de caminar. Según el Faraón, la escritura era peligrosa porque disminuye las energías de la mente al ofrecer a los seres humanos un alma petrificada, una caricatura de la mente, una memoria mineral.

El texto de Platón es irónico, naturalmente. Platón escribía su argumento contra la escritura, Pero pretendía que su discurso fuera dicho por Sócrates, quien no escribió nunca. Hoy en día, nadie comparte estas preocupaciones, por dos razones muy simples. Primero que todo, sabemos que los libros no son una manera de hacer que alguien piense por nosotros; por el contrario, son instrumentos que provocan en nosotros pensamientos más allá de la lectura original. Solo después de la invención de la escritura fue posible escribir una obra maestra sobre la memoria espontánea como En busca del tiempo perdido de Proust.

En segundo lugar, si alguna vez fue necesario para la gente entrenar la memoria para recordar cosas, después de la invención de la escritura fue también necesario entrenar la memoria para recordar libros.
Los libros desafían y mejoran la memoria no la narcotizan.

Sin embargo, el Faraón estaba expresando un miedo eterno: el miedo a que un nuevo logro tecnológico pueda suprimir o destruir algo que consideramos precioso, fructífero, algo que representa para nosotros un valor en sí mismo, y profundamente espiritual.

Fue como si el Faraón señaló primero a la superficie escrita y luego a una imagen ideal de la memoria humana, y dijera: “esto matará a eso.”

Más de mil años más tarde, Víctor Hugo en Nuestra Señora de París, nos muestra a un sacerdote, Claude Frollo, señalando con su dedo primero a un libro, luego a las torres y a las imágenes de su catedral querida, diciendo “ceci tuera cela”, esto matará aquello. (El libro matará a la catedral, el alfabeto matará a las imágenes).

La historia Nuestra Señora de París ocurre en el siglo de la invención de la imprenta. Antes que eso, los manuscritos estaban reservados a una élite restringida de personas que sabían leer y escribir. Los únicos medios de enseñar a las masas las historias de la Biblia, la vida de Cristo y de los santos, los principios morales, incluso los hechos de la historia nacional o las nociones más elementales de la geografía y de las ciencias naturales fueron proporcionados por las imágenes de la catedral. Una catedral medieval era una clase de programa permanente inmodificable de TV que se suponía debía comunicar a la gente lo indispensable para sus vidas cotidianas así como para su salvación eterna. El libro habría distraído a la gente de sus valores más importantes, animándolos a buscar información innecesaria, a interpretar libremente las escrituras, y a fomentar una curiosidad insana.

Durante los años 60, Marshal McLuhan escribió La Galaxia de Gutenberg, donde anunció que la manera linear del pensamiento instaurado por la invención de la prensa, estaba al borde de ser substituido por una manera más global de percibir y de entender a través de imágenes de la TV u otro tipo de dispositivos electrónicos. Si no Mc Luhan, muchos de sus lectores señalaron primero a una Discoteca y luego a un libro impreso diciendo: “esto matará eso.”.

Los medios necesitaron cierto tiempo para aceptar la idea de que nuestra civilización estaba al borde de convertirse en una sociedad orientada hacia la imagen. (Lo cual habría implicado la decadencia de la literatura). Esto es hoy en día un punto común para cada publicación semanal. Lo curioso es que cuando los medios comenzaron a celebrar la decadencia de la literatura y el poder abrumador de las imágenes, justo en ese momento apareció la computadora en la escena mundial.

Una computadora es ciertamente un instrumento por medio del cual es posible producir y corregir imágenes, ciertas instrucciones se proporcionan por medio de iconos; pero es igualmente cierto que la computadora se ha convertido, primero que todo, en un instrumento alfabético. En su pantalla se despliegan palabras, líneas y párrafos, y para utilizar una computadora usted debe poder escribir y leer.

La nueva generación de la era de la computadora está entrenada para leer a una velocidad increíble. Un profesor tradicional de la universidad es hoy incapaz de leer una pantalla de computadora a la misma velocidad que un adolescente. Si estos mismos adolescentes, desean programar su propio ordenador personal, deben saber, o aprender los procedimientos y los algoritmos lógicos, y deben mecanografiar palabras y números en un teclado, a una gran velocidad.

En este sentido podemos afirmar que la computadora nos hizo volver a la Galaxia de Gutenberg.

Las personas que pasan noches enteras sosteniendo una conversación interminable por Internet lo hacen fundamentalmente a través de las palabras. Si la pantalla de la TV se puede considerar una clase de ventana ideal a través de la cual observamos el mundo entero bajo forma de imágenes, la pantalla de la computadora es un libro ideal en el cual uno lee sobre el mundo en la forma de palabras y de páginas.

La computadora clásica proporcionó un tipo linear de comunicación escrita. La pantalla exhibía líneas escritas. Era como leer en un libro de la lectura rápida.

Pero ahora hay hipertexto. En un libro era necesario leer de izquierda a derecha (o de derecha a izquierda, o hacia abajo, según diversas culturas) de una manera linear. Uno podía saltar obviamente a través de las páginas, era posible por supuesto – una vez en la página 300 – devolverse y releer algo en la página 10 pero éste implicaba un esfuerzo, es decir, un trabajo físico. Por el contrario el hipertexto es una red multidimensional en la cual cada punto o nodo se puede potencialmente conectar con cualquier otro.

Así hemos llegado el capítulo final de nuestro “Esto—matará aquello-en nuestra historia. Es más y más común escuchar cada día que en futuro cercano los cd-rom hipertextuales, substituirán los libros. Con un sistema hipertextual o con Internet, los libros se supone podrían llegar a ser obsoletos. Si usted incluso considera que un hipertexto es generalmente también multimedial, se anticipa también que en el futuro próximo substituirán no solamente los libros sino también las videocintas y muchas otras ayudas. Ahora debemos preguntarnos si tal perspectiva es realista o es mera ciencia-ficción. Permítame enumerar una serie de problemas y las perspectivas posibles para nuestro futuro.

Incluso después de la invención de la imprenta, los libros nunca han sido los únicos instrumentos para adquirir la información. Había pinturas, imágenes impresas de difusión popular, enseñanza oral, etcétera. Uno puede decir que los libros eran en cualquier caso el instrumento más importante para transmitir la información científica, incluyendo noticias sobre acontecimientos históricos. En este sentido eran el instrumento supremo usado en escuelas. Con la difusión de los varios medios de comunicación, del cine a la televisión, algo ha cambiado.

Hace años la única manera de aprender un idioma extranjero (fuera de viajar al extranjero) era estudiar una lengua en un libro. Ahora nuestros hijos saben con frecuencia otros idiomas escuchando música, mirando películas en su edición original, descifrando las instrucciones impresas en la lata de la bebida. Igual sucede con la información geográfica. En mi niñez conseguí la mejor información sobre países exóticos no de libros de estudio sino leyendo novelas de aventura(Julio Verne, por ejemplo). Mis hijos sabían desde muy temprano más que yo acerca de los mismos temas con sólo mirar la TV y las películas. Uno puede aprender muy bien la historia del imperio romano a través del cine, a condición de que las películas sean históricamente correctas.

Un buen programa educativo de la TV (Para no hablar de los CD-) puede explicar la Química mejor que un libro.

Hoy día, el concepto de la educación compromete a muchos medios. Una política clara de la educación debe considerar las posibilidades de todos los medios. La preocupación educativa se debe ampliar al conjunto de medios. Las responsabilidades y las tareas deben ser cuidadosamente equilibradas. Si para enseñar idiomas, las cintas son mejores que los libros, póngale atención a los casetes. Si una grabación de Chopin con comentarios, ayuda a la gente a entender a Chopin, no se preocupe si la gente no compra cinco tomos de la historia de la música.

Incluso si es verdad que la comunicación visual abruma hoy a la comunicación escrita, el problema no es oponer lo escrito a la comunicación visual. El problema es cómo mejorar ambos. En la Edad Media la comunicación visual era, para las masas, más importante que la escritura. Pero la catedral de Chartres no era culturalmente inferior al Imago Mundi de Honorius de Autun. Las catedrales eran la TV de esas épocas, y la diferencia de nuestra TV era que los directores de la TV medieval — léase: los buenos libros – tenían mucha imaginación, y escribían en beneficio de su público (o, por lo menos, para lo que creían era beneficio público).

Pero el verdadero problema reside en otro lugar. La comunicación visual tiene que ser balanceada con la verbal, principalmente con la escrita por una razón precisa. Alguna vez un semiótico escribió: “imágenes no pueden comunicar”. Puedo decir verbalmente “Los unicornios no existen” ,pero si muestro la imagen de un unicornio el unicornio está allí. Por otra parte, es el unicornio que veo un unicornio o el unicornio, es decir, se trata de un unicornio particular o se refiere a todos los unicornios en general? Este problema no es tan inmaterial como puede parecer, y muchas páginas han sido escritas por los logisticos y los semioticos sobre la diferencia entre las expresiones: un niño, el niño, este niño, los niños,o la niñez como idea general. Tales distinciones no son tan fáciles de exhibir con imágenes. Nelson Goodman en su libro: “Lenguajes del arte” se preguntaba si un cuadro que representa a una mujer es la representación de mujeres en general, el retrato de una mujer dada, el ejemplo de las características generales de una mujer, o el equivalente a la afirmación: “es una mujer que me mira”.

Uno puede decir que en un cartel o en un libro ilustrado, el subtítulo u otras formas de material escrito pueden ayudar a entender lo que significa la imagen. Pero permítame recordarle sobre un dispositivo retórico llamado el ejemplo, al cual Aristóteles dedicó algunas páginas interesantes. Para convencer a alguien sobre una cuestión dada, lo mejor es convencerlo por inducción. Con la inducción proporciono muchos casos y entonces deduzco que probablemente ellos pueden generar una ley general. Suponga que deseo demostrar que los perros son amistosos y aman a sus amos: Proporcioné muchos casos en los cuales un perro ha demostrado ser amistoso y provechoso y yo sugiero que debe haber una ley general por la cual cada animal que pertenece a la especie de perros es amistoso.

Supongamos ahora que deseo persuadirle que los perros son peligrosos. Puedo hacer esto proveyendo un ejemplo: “una vez, un perro mató a su amo…. “Como usted entiende fácilmente, un solo caso no prueba nada, pero si el ejemplo produce una sacudida, yo puedo estar sugiriendo que los perros pueden incluso ser antipáticos, y una vez que le convenza de que puede ser así, puedo extrapolar indebidamente una ley a partir de un solo caso y concluir: “No se puede confiar en los perros”. Con el uso retórico del ejemplo puedo transferir una condición de un solo perro,. Si usted tiene una mente crítica usted puede darse cuenta que he manipulado una expresión verbal (un perro es malo) para transformarlo en (todos los perros son malos)lo cual evidentemente no significa la misma cosa. Pero si el ejemplo es una representación visual más bien que verbal, la reacción crítica se hace más difícil. Si le demuestro la imagen conmovedora de un perro dado que muerde a su amo es muy difícil discriminar entre una declaración particular y una general. Es fácil tomar ese perro como al representante de su especie. Las imágenes tienen, así que hablar, una clase de poder platónico: transforman ideas particulares en ideas generales.

Así por una comunicación y una educación puramente visuales es más fácil poner en ejecución estrategias persuasivas que reducen nuestra energía crítica. Si leo en un periódico que un hombre dado ha dicho: “nosotros deseamos al señor X para presidente” yo me doy cuenta que me dieron la opinión de un cierta persona.

Pero si miro en la pantalla de la TV al hombre que dice con mucho entusiasmo: “nosotros deseamos al señor X para presidente” es más fácil asumir la opinión individual como un ejemplo de la opinión general. Pienso con frecuencia que nuestras sociedades estarán divididas en un plazo corto en un rato corto (o ya lo están) en dos clases de ciudadanos: los que vean solamente la TV, y recibirán imágenes prefabricadas y por lo tanto las definiciones prefabricadas del mundo, sin ningún poder de elegir críticamente la clase de información que reciben, y los que sepan manejar la computadora, que podrán seleccionar y producir información. Esto restablecerá la división cultural que existió en el tiempo de Claude Frollo, entre aquellos que podían leer los manuscritos, y por lo tanto críticamente los temas religiosos, científicos o las materias filosóficas, y los que eran educados solamente mediante las imágenes de la catedral, seleccionadas y producidas por sus amos, los pocos que saben leer y escribir.

Hay dos clases de libros: los que se leen y los que se consultan.

Aquellos que se leen (puede ser una novela, un tratado filosófico, un análisis sociológico, etcétera) se leen de una manera linear: Usted empieza por la página1, donde el autor le dice que un crimen se ha cometido, y pasa página a página de una manera secuencial, y finalmente usted descubre que el culpable es el mayordomo. Fin del libro, y fin de su experiencia de lectura.

El mismo proceso ocurre si usted lee el Discurso del método de Descartes. El autor quiere que usted abra el libro en la primera página, siga la serie de preguntas que él propuso, y vea cómo él alcanza ciertas conclusiones finales. Ciertamente, un erudito, que conozca este libro, puede releerlo saltando de una página a otra, intentando aislar un acoplamiento posible entre una declaración del primer capítulo y uno de quinto… Un erudito puede también decidir aislar la ocurrencia de la palabra Jerusalén en la obra inmensa de Tomas de Aquino, saltando miles de páginas para centrar su propia atención en las únicas paginas que tratan de Jerusalén…

Pero éstas son las maneras de la lectura que se considerarían como atípicas. Pero también hay libros de consulta, como los manuales y las enciclopedias. Los manuales se deben leer a veces de principio a fin; pero cuando uno sabe la materia bastante, uno puede consultarlos seleccionando sólo algunos capítulos o algunos pasos. Cuando estaba en secundaria tuve que leer enteramente, de una manera linear, mi manual de matemáticas; hoy, si necesito una definición exacta del logaritmo, solamente consulto acerca de ellos Lo conservo en mi biblioteca no para leerlo y releerlo a diario, sino para consultarlo cada vez que necesite de una información precisa. Las enciclopedias se conciben para ser consultadas permanentemente y no para ser leída de la primera a la última página.

Generalmente uno toma un volumen dado de su enciclopedia para saber o para recordar cuándo Napoleón murió o cuál es el fórmula del ácido sulfúrico. Pero las enciclopedias pueden ser utilizadas de una manera más sofisticada. Si deseo saber si fue posible o no que Napoleón conociera a Kant, debo recurrir al volumen K de mi enciclopedia y al volumen N. Encuentro que Napoleón nació en 1769 y murió en 1821, y Kant nació en 1724 y murió en 1084 cuando Napoleón ya era emperador luego no es imposible que los dos se encontraran.

Tengo probablemente que consultar una biografía de Kant, o de Napoleón para saber si un encuentro entre estos personajes está registrado. En un escrito, debo hojear a través de muchos libros en muchos estantes de mi biblioteca, debo tomar notas para comparar más adelante todos los datos que recoja, etcétera. En resumen, todo el esto me costará un trabajo dispendioso.

Con un hypertexto, puedo navegar a través de la enciclopedia entera. Puedo conectar un acontecimiento registrado al principio con una serie de acontecimientos similares diseminados todos a lo largo del texto, puedo comparar el principio con el final, puedo pedir la lista de todas las palabras que comienzan por A, puedo pedir todos los casos en los cuales el nombre de Napoleon se relaciona con el de de Kant, puedo comparar las fechas de su nacimiento y muerte – en resumen, puedo hacer mi trabajo en pocos segundos o pocos minutos. Los hypertextos volverán ciertamente a las enciclopedias y los manuales obsoletos. En muy pocos cd-rom (probablemente pronto en solo) es posible almacenar más información que en la enciclopedia entera Britannica, con la ventaja que permite referencias cruzadas y la recuperación no linear de la información. El conjunto de los discos compactos, más la computadora, ocuparáun quinto del espacio ocupado por una enciclopedia. La enciclopedia no puede ser transportada con la misma facilidad de un CD-ROM, no puede ser actualizada fácilmente. Los estantes llenos hoy de metros y metros de enciclopedias desaparecerán y no habrá ninguna razón para lamentarlo.

Puede un texto hipertextual sustituir los libros que se leerán? Esta pregunta menciona dos problemas diferentes, y de hecho da pié para dos preguntas diferentes: La primera desde un punto de vista práctico: Puede una cierta ayuda electrónica sustituir el libro de leer? Y la segunda pregunta desde el punto de vista teórico y estético: Puede un hipertexto o un cd-rom hipertextual transformar la naturaleza misma del libro que se lee? Por ejemplo, un libro de poemas o una novela

Déjeme primero responder a la primera pregunta. Los libros seguirán siendo imprescindibles no solamente para la literatura, sino para cualquier circunstancia en la cual sea necesario leer cuidadosamente, recibir no sólo la información sino también especular y reflexionar sobre ella. Leer una pantalla de la computadora no es igual en cuanto a leer un libro. Piense en lo que ocurre durante el proceso de aprender un nuevo programa de computadora. El programa puede generalmente exhibir en la pantalla todas las instrucciones que usted necesita. Pero generalmente los usuarios que desean aprender el programa imprimirán las instrucciones y las leerán como si estuvieran en forma del libro, o comprarán un manual impreso. Es posible concebir un programa en computadora que explique muy bien cómo imprimir y encuadernar un libro, pero para conseguir instrucciones en cómo escribir (o cómo utilizar) un programa de computadora, necesitamos un manual impreso.

Después de permanecer más de 12 horas en una pantalla de computador, mis ojos son como dos pelotas de tenis, y siento la necesidad de sentarme confortablemente en un mullido sofá y leer un periódico, o quizá un buen poema.

Pienso que las computadoras están difundiendo una nueva forma de instrucción pero son incapaz de satisfacer todas las necesidades intelectuales que ellas mismas están estimulando.

En mis mejores momentos de optimismo, sueño con una generación digital que lea en la pantalla del computador, pero que en cierto momento se sienta insatisfecho, y busque un momento de placidez y relajación para leer un buen libro.

Durante un simposio sobre el futuro de los libros en la universidad de San Marino, Regis Debray ha observado que el hecho de que la civilización hebrea sea una civilización basada en un libro no es independiente del hecho de que fuera una civilización nómada. Pienso que esta observación es muy importante. Los egipcios podrían tallar sus expedientes en los obeliscos de piedra, Moises no. Si usted desea cruzar el mar rojo, un pergamino es un instrumento más práctico para la sabiduría que una columna

Pero los libros tienen una ventaja adicional sobre los computadores. Incluso si están impresos en el papel ácido moderno, que dura solamente 70 años, son más durables que las ayudas magnéticas. Por otra parte, no sufren de escasez de energía y apagones a los golpes. Hasta ahora, los libros todavía representan el modo más económico, versátil, y facil de usar para transportar información.

La comunicación en las computadoras viaja delante de usted, los libros viajan con usted y a su velocidad, pero si usted naufraga en una isla desierta, un libro puede servirle, mientras que usted no siempre tiene la opción de enchufar una computadora donde quiera. Y si tiene baterías solares, nunca disfrutará de la lectura tendido sobre una hamaca.

Los libros siguen siendo los mejores compañeros para un naufragio, o para el día después.

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